¿Qué entiendo por brújula interna?

¿Es acaso ese fueguito interno que me dice que es lo que me hace feliz y cómo vivir siendo feliz? ¿Es acaso eso, que me da seguridad de que estoy en el camino/destino al que creo pertenecer?
Y sí es así, creo que la brújula se torna en vivir de una manera distinta a la que me enseñaron. Alguna vez dije, y quizá me reafirmo en que no creo ser un tipo de persona que hecha raíces así por así en algún lugar, y quizá, eso, de alguna manera me orienta a la soledad… Una soledad que asusta pero que al mismo tiempo se nutre de otras cosas.
Me gusta el arte, me gusta divagar por todos lados, y me disgusta trabajar en un solo lugar. No concibo que el trabajo monótono sea el destino final de una persona, claro que no. Pero ¿cómo huir de ese canon social? De eso que me dicen “tienes que centrarte, tienes que establecerte”, que mandato es ese en el que tiene que llegar el momento en que se diga “hay que establecerse”. No, no quiero eso, y sé que eso también da miedo. Un miedo a lo desconocido, a aquello que no me enseñaron, pero creo poder aprenderlo, pero no sé cómo, menos por donde empezar.
Y pensar en esto me hace volver el tiempo, y visualizo a esa Liz de los 20’s que estudiaba para una sola cosa “comunicar y dar voz a quienes se las quitaron, y no con la intención de apropiarse de voces de otres, sino de acompañarlas y darles la luz que merecen”. Mi sueño de los 20’s, que en algún momento se apagó cuando empecé a trabajar en una oficina y hacer comunicación institucional, situación que me deprimió. Pero en algún momento volví a ser, cuando viajé por Perú, y me interné en pueblitos y pude estar con personas que luchaban por el agua, y eso realmente me llenó el alma. Es ahí donde vine a Argentina a estudiar cine, pero algo se fue. Yo me siento como en un estado de limbo. Y siento que no tengo mayor rumbo que el presente que se hace eterno, un presente que es monótono, que me resulta cómodo, pero siento que no me pertenece. La monotonía siempre me deprimió, y no sé si, hoy, que la siento tan cómoda, sea bueno para mi. Siento que estoy, pero no estoy.
¿Dónde estoy? Es una gran interrogante que no se responde con palabras, sino con sentires…Y tengo esa sensación de estar parada en un lugar sin saber a dónde ir, no sé a dónde caminar.
Recuerdo haber leído un cuento de Ribeyro, sobre viajeros. Según el cuento, todos los viajantes llegabana una encrucijada, en el que no sabían qué camino tomar, algunos tenían una seña en la frente y solo avanzaban porque esa seña era su guía, pero quienes no la tenían, debían de buscarla para seguir su camino/destino, sino podría llegar a una ciudad que no era la suya y morir, ya que si no llegabas a donde estabas predestinado, no te dejaban entrar, y a la larga morías porque no tenías que comer ni tomar, ni techo ni nada.
Los viajeros que no tenían esa señal, tenían dos opciones: o quedarse en la encrucijada y vivir ahí, que sería como un limbo eterno, o seguir y arriesgarse a la equivocación; el problema es que no había vuelta atrás.
Hoy me siento como esos viajeros que están en la encrucijada; yo estoy, respiro, como, vivo, y simplemente estoy. Pero en realidad no estoy, no tengo ni norte, ni sur, ni izquierda ni derecha, solo estoy parada, mirando a cualquier lado sin saber, como si estuviera en espera de alguien que me rescate, que me diga “es por acá”. El sentir seguidista me invade.
No tengo proyectos a largo plazo, solo a corto plazo, como el hecho de terminar cine, terminar la tesis de la maestría, y eso…no tengo más. Y en ese no tener más, hay una inmovilización que me desespera, no lo voy a negar. Pero mi desesperación es hipócrita, y yo también lo soy, porque puede que me moleste estar así, pero sigo sin ubicar un rumbo, y quizá es una decisión cómoda. La inactividad mía me abruma, me aburre, pero la sigo dejando estar, y me pregunto…qué es eso más fuerte que yo, para seguir eligiendo la quietud?, y no lo sé, o tal vez sí sé y no puedo expresarlo en palabras porque es doloroso, y es mi mecanismo para no hablar eso, para no escarbar.
¿Dónde estoy hoy? Me preguntan, y la verdad que hay oscuridad, soy yo parada y no hay luz que guíe el camino que debo o quiero seguir, no hay nada. Es también como estar ahí cargando cosas y no poder sacarlo para avanzar… o quizá no quiero avanzar.
No, no sé dónde estoy. Solo en un presente continuo, aburrido, monótono, el cual no creo que sea parte de mi, pero lo estoy habitando, y quizá deba armar una chocita para resguardarme en esa encrucijada. Y básicamente sería aceptar el modo espera.